19 julio 2012

La relación de un beso en juego


Tras varias copas me encontré ante un beso que, con la intención de acallar mi boca me dejó sin habla durante el resto de días. Una relación en pantalla, idílica y morbosa había pasado a la vida real, y era algo que me aterrorizaba perder. Entre jóvenes desorientados por el alcohol, mi vida emocional se diluía por momentos pero yo seguía ahí, estirada en medio de la calle soportando un tierno beso de Mister Mars.

Nuestras conversaciones estaban destinadas al juego, pero después de aquel esporádico beso no quería seguir con ese método. No era un gran paso como en las relaciones convencionales, en las que: chico besa a chica y se desata el romanticismo. Aquello era un paso indefinido, complicado, y para nada seguro. Ahora el factor sorpresa entraba en mi vida. Dejarnos llevar y sorprendernos mutuamente era la norma establecida.

 En la encimera de una cocina tradicional mis ojos decían eso que mis labios no podían pronunciar, y rodeados del silencio era inevitable no poder besarle. Desde arriba llegaban mensajes de negación, en cambio desde más abajo me obligaba a seguir. De hecho hubiera ido  más allá. Posiblemente porque no era el lugar, ni la situación decidimos parar con un cortante abrazo.




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 Al decir adiós, según se alejaba entendí que no podía decirle la verdad. Lo bueno de no tener una relación es que te deja espacio y tiempo libre para pensar. En el tren, un tiempo muerto para mi, fue momento para que la libre pensadora se dejara llevar. La imagen de Mister Mars y el sentimiento depresivo post-vacacional alimentaban la duda de si aquella relación sexual tan apasionada podría traducirse o no en una relación significativa.















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1 comentario:

  1. Love la antepenúltima foto !

    ... escribes bien eh puñetera ! ;) me gsuta me gusta

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